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Hacia arriba

intersexualidad

20

Ago
2019

Sin comentarios

En intersexualidad

Por Noe Sánchez

Belleza y furia

En 20, Ago 2019 | Sin comentarios | En intersexualidad | Por Noe Sánchez

El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo. Todos los golpes y el desprecio que sufrí no se comparan con el amor infinito que me rodea en estos momentos. Furia Travesti Siempre.

(Palabras dedespedida de Lohana Berkins)

La belleza travesti
está ahí.
No necesita implorarle 
a la feminidad,
ni huirle a la masculinidad.
Su belleza es, simplemente,
existir.
(Anónimo)

Tengo una compañera travesti en el equipo del blog. No lo digo como quien dice “Tengo un amigo negro”. Lo digo como una novedad y una sorpresa y una celebración. Porque nunca tuve compañeras travestis en ningún lado: ni en la guardería, ni en la escuela primaria, ni en la secundaria, ni en ninguna de las ochenta y cinco carreras que comencé y dejé,  ni en ningún trabajo, ni en ninguna de las organizaciones de Derechos Humanos en las que milité. Tampoco he tenido maestras ni profesoras travestis durante la infancia ni la juventud. En ninguno de mis trabajos, formales o no, tuve una jefa travesti. En ningún hospital público me ha atendido una doctora travesti, tampoco una enfermera. Las cajeras que me atienden en el súper no son travestis. Tampoco las conductoras de los noticieros ni la mujer que da el pronóstico del clima. Sin embargo, siempre existieron. Y siempre supe de su existencia. Estaban en las calles o en las marquesinas del teatro de revista, en algún que otro programa de televisión… En mi imaginario juvenil, las travestis respondían a dos únicas categorías: o eran prostitutas o eran famosas. No sé si alguna persona adulta me explicó quiénes eran o que hacían. Pero hay algo que siempre supe: no eran hombres disfrazados. Un disfraz emana siempre algo de impostación y de burla, por más bueno que sea. De mala copia del original.

Las travestis que cruzaban por las calles y las pantallas de mi infancia eran presencias imponentes, misteriosas y auténticas. No había nada impostado en su maquillaje, sus peinados y sus brillos. Porque como dice Agrado (el personaje interpretado por la actriz travesti Antonia San Juan en la película “Todo sobre mi madre”, dirigida por Pedro Almodóvar), “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”.

 Me remonto a la infancia porque ahí está todo. Y es en esa etapa de la vida en la que la cultura y la familia nos transmiten los roles y estereotipos de género. Curiosamente (¿o no tan curiosamente?) mi concepción sobre el género, como la de tantas personas, fue durante muchos años, binaria: existen mujeres y existen varones. Punto. ¡A pesar de que desde tan chiquita ya sabía que existían travestis! No es casual. Como tampoco es casual que uno de los textos que utilicé para encabezar este texto figure como “anónimo”. Porque en mi infancia se sabía que existían travestis, pero no había que hablar de eso. Ni siquiera había que mirarlas mucho cuando te las cruzabas por la calle. Y es que el binarismo que nos transmitió la cultura patriarcal desde chiquitas implicaba necesariamente la invisibilización y negación de todo lo que no fuera “varón” o “mujer”. Curiosamente (¿o no tanto?) jamás se me ocurrió pensar que esas travestis alguna vez habían sido niñas.

Muchos, pero muchos años después conocí a una actriz y poeta travesti; y mucho, pero mucho tiempo después, esa actriz y poeta travesti que se llama Camila Sosa Villada fue mi profesora en un taller de teatro. La mejor profesora de teatro que he tenido. Muchos, pero muchos años después supe que existían varones trans. Y que una de mis personas favoritas en el mundo, hije de dos personas que adoro, es un varón trans adolescente y ahora se llama Alex, porque es el nombre que ha elegido y así consta en su nuevo documento de identidad. Años después supe que hubo personas trans víctimas y sobrevivientes del terrorismo de Estado y también pude compartir radio y militancia con Eugenio Talbot Wright. También supe de la persecución a las personas trans en tiempos de democracia y de la lucha por la inclusión laboral trans, y me crucé con Ivanna Aguilera en cada marcha por los derechos negados. Años más tarde conocí otres niñes trans, pero también personas adultas en crisis con su género. Meses después me sorprendí pensando que nadie es tan mujer ni tan hombre ni tan hétero como cree ser. Días después leí un libro de Marlene Wayar que me voló la cabeza: “Travesti/Una teoría lo suficientemente buena”.  Y en la presentación de ese libro, en el Archivo Provincial de la Memoria, la propia Marlene me habilitó a escribir esto que estoy escribiendo. Porque en esa charla Marlene dijo algo que nunca se me hubiera ocurrido pensar desde mi feminismo silvestre, desde mi hartazgo ante tanto varón cis opinando de todo y poniéndose siempre en el centro. Tiró una bomba con toda sencillez y en tono pausado: dijo que cómo es eso de que no podés hablar de feminismo si no sos mujer, que no podés hablar de las travestis si no sos travesti, que no podés hablar de aborto si no tenés útero, que eso sería terminar con el diálogo humano.

 Y si no hay diálogo humano lo que hay es silencio, que no es salud sino todo lo contrario. Sin diálogo humano lo que hay es terrorismo de Estado, persecución, negacionismo. Mujeres muertas. Travestis muertas. Y también mucho aburrimiento, mucha chatura, muy poca poesía y muchos, pero muchos años de mal sexo.

Ahorita nomás, hace un rato, la compañera trava María José Brizuela se suma al equipo del blog de Flor de luna con toda su belleza y su furia travesti y así como si nada, como quien toca el violín o cose una toallita de tela, o se hace una ensalada de quinoa; nos invita a escribir sobre identidades trans. Y me ha hecho pensar en todo esto y en que todas esas personas que parecían invisibles o inexistentes no salieron de debajo de las piedras, salieron de la lucha por derechos, que no empezó ahorita nomás sino que tiene los mismos años que la injusticia. Y sí, debajo de las piedras hay muchísimas más, pero están muertas. Muertas por odio, que no es fobia y no es miedo. Es otra consecuencia de la ausencia de diálogo humano.

A todas, a todes, gracias. Por la belleza y por la furia.

¡Hasta la victoria, always!

Florencia Ordóñez nació en Córdoba el 8 de marzo de 1977. Es licenciada en cursillos de nivelación y posee un doctorado en abandono de carreras universitarias. Escribe, publica libros propios y ajenos desde el sello Malasaña Ediciones, hace stand up, coordina talleres de escritura; ha incursionado en la actuación y el teatro de títeres. También se ha desempeñado en varios trabajos decentes de los que fue oportunamente despedida. Políticamente se define como feminista silvestre y anarco-peronista.

Ilustración: La Pao Cósmica

Paola Lucero Antonietti – También LaPao Cósmica (o viceversa) –
Flor de la red flordelunar, arquitecta, ilustradora, docente, cósmica.
Nacida el 2 de setiembre de 1979 en Córdoba Capital.
Realiza diseños cósmicos en distintos soportes y formatos: ilustraciones, trencadís -mosaiquismo-, fanzines.
Arquitecta que pone su mirada en la ciudad y el habitar de la ciudad, haciendo foco en el diseño participativo y colectivo Es docente del secundario en donde aprende mucho de los chicos y las chicas. / Desarrolla talleres con niños y grandes en donde la creatividad es el motor de las producciones. Y juega.
Contacto: lapaocosmika@gmail.com / Facebook: LaPao Cósmica

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