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Hacia arriba

2018 marzo

31

Mar
2018

Sin comentarios

En Columna
Hasta la victoria always

Por Noe Sánchez

Abuelita, dime tú

En 31, Mar 2018 | Sin comentarios | En Columna, Hasta la victoria always | Por Noe Sánchez

-Abuelita, dime tú…

-Tú.

-¡Gracias, abuelita!

Cuando pienso en saberes ancestrales, lo primero que me viene a la mente es una abuela. Me imagino a la abuela de Valentina Tereshkova, la primera mujer astronauta, tejiéndole una bufanda a su nieta antes de abordar el Vostok 6, “porque debe estar frío allá en el espacio”. A la abuela del Che Guevara preparándole un tecito con yuyos para el asma. Y a la de Amy Winehouse diciéndole: “Nena, ¿sos feliz?”.

También pienso en las abuelas y madres de Plaza de Mayo, en la querida Emi Villares diciendo “La lucha no se aplaude, se acompaña o no se acompaña”, en esas mujeres que salieron a las plazas a pedir por sus hijos y hoy son un símbolo de dignidad y lucha. Esas mujeres me hicieron dar cuenta de algo: una cosa es el saber ancestral y otra muy distinta es la tradición. Porque lo que la tradición manda es que las mujeres se queden en casa ocupándose de “sus labores”, en vez de andar haciendo política por ahí. Entonces, ojo al piojo: valoremos los saberes de nuestras ancestras, las recetas, los tejidos, la conexión con la tierra y la espiritualidad, el goce de la maternidad y la pareja…pero tampoco comamos vidrio. El trabajo doméstico, por más cargado de ancestralidad que venga, es trabajo. Y no lo que nos quiere hacer creer la tradición patriarcal: que el trabajo doméstico es una expresión suprema del amor hacia nuestra familia y que por eso las mujeres debemos realizarlo sin recibir remuneración alguna. ¿¿¿Amor??? Hay algo que no me cierra. Porque todas las personas que trabajan en algo que realmente les gusta, lo hacen con amor. Entonces, supongamos que decido solicitar los servicios de alguna persona para que me cosa un vestido, me arregle la compu, me haga una torta de cumpleaños de Pepa Pigg o me enseñe a tocar el violín… ¿Puedo pagarle con besos  y abrazos? ¿O con un “te quiero” en negro ya alcanza?

Además de la tradición, el saber ancestral tiene otra gran enemiga: la moda. Y cuando digo moda también quiero decir superficialidad y snobismo.  Conozco personas que después de parir entierran la placenta porque es un ritual muy antiguo de no sé qué pueblo, que le hacen ofrendas a la Pachamama con caña y ruda y todos los chiches, que no se cortan ni una uña sin averiguar primero en qué fase lunar estamos y qué consecuencias espirituales tiene y que además, se compran toda la ropa en Benetton. Sí, sí, la cadena de tiendas de ropa de un italiano millonario que pretende adueñarse de toda la Patagonia sólo porque es millonario. Y como es millonario, el Estado argentino lo defiende. Tanto lo defiende que tuvo que mandar a la Gendarmería a matar a Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Todo por proteger los intereses del italiano millonario. Para que te quede claro, joven argentina o argentino pacha -friendly: cada vez que te comprás una camperita Bennetton, tu bisabuela comechingona se va a revolver en su tumba. Y tu tatarabuela mapuche, va a venir por la noche a tirarte de las patas.

Retomando el tema de las tradiciones, voy a hacer una confesión: hay una de ellas que me resulta bastante simpática y es la tradición del brindis. Voy a brindar en esta ocasión por el represor genocida Luciano Benjamín Menéndez. Pero no porque se murió, ¿eh? Brindo porque se murió condenado.

Salud y justicia para todas.

¡Hasta la victoria, always!

Florencia Ordóñez nació en Córdoba el 8 de marzo de 1977. Es licenciada en cursillos de nivelación y posee un doctorado en abandono de carreras universitarias. Escribe, publica libros propios y ajenos desde el sello Malasaña Ediciones, hace stand up, coordina talleres de escritura; ha incursionado en la actuación y el teatro de títeres. También se ha desempeñado en varios trabajos decentes de los que fue oportunamente despedida. Políticamente se define como feminista silvestre y anarco-peronista.

Ilustración: Cecilia María
Cecilia significa ‘pequeña ciega’…
Cecilia María: pequeña mujer ciega que se dedica a construir imágenes.
Sin autorretrato ni biografía. Máquina sensible. Dibujante.
Podría ser un pavo real, un colibrí… o una chuñita.
La Telesita estacionada en una casa de colores.
Olvidada, para vivir recuerda, sin pausa ni prisa. Aprendiz.
Encomendada al Sol. Hija de la Luna. Manos planetarias al servicio del monte.

14

Mar
2018

Sin comentarios

En Novedades
Sin categoría

Por Noe Sánchez

7 años, nuevo ciclo.

En 14, Mar 2018 | Sin comentarios | En Novedades, Sin categoría | Por Noe Sánchez

Esta es la carta que escribo antes de que acabe el 13 de marzo de 2018. La escribo para mi y para mis compañeras. La escribo para las compañeras que tendré en el futuro.

El 13 de marzo de 2011 yo tenía un montón de cosas en la cabeza. Los preparativos para la feria, todo lo que no alcancé a hacer, llegar más o menos a tiempo… Estábamos en la organización, como parte de “El Enriedo Córdoba”, no tenía que hacerme cargo solo de mi puesto: había que colaborar con todo, invitar a las personas vecinas, llevar esto y aquello, presentarnos al micrófono y abrir el “escenario”. Nuestra experiencia en organizar eventos era nula, asi que íbamos y veníamos como hormiguitas resolviendo cosas.

Yo saqué las toallitas que habíamos hecho con mi compañero y las puse sobre un banco de la plaza. Eran unos colores super fuertes. Mucho después aprendería que aunque las enjuagara cien veces iban a seguir desprendiendo anilinas, y todavía más tarde hacer lugar a la sugerencia de Flavia de usar tintes naturales.
Esa tarde vendimos los primeros kits en los paquetes de harina de 1 kilo que usábamos poniéndolos del revés. Y se enteraron de la existencia de Flor de Luna como mucho unas 5 personas.

No tengo imágenes de la primera feria. Ésta fue otra de las primeras en San Vicente.

Tengo recuerdos difusos de las dos ferias que hicimos en esa plaza de barrio en Córdoba, necesito a mis compañeras para distinguirlas. La que me vuelve nítida es la sensación de hermosura. “El día que se abrió un portal”, como describía Gise la primera feria feminista en Jujuy hace algunos meses, en aquél momento también, algo de eso pasaba.

Yo no podía imaginar ese día que Flor de Luna se iba a convertir en algo tan hermoso y tan importante para la vida de tantas personas unos años después. En aquel momento desde afuera quizás no parecía nada, una “jipeada”, una fantasía de jovencitas ecologistas. Ya iba a conseguir seguramente yo un trabajo en serio con mi flamante título de Licenciada.

También me acuerdo de mi convicción. Con el planeta siempre a punto de quebrarse, yo intuía que si existía un futuro debía ser de cuidado.

Flor de Luna no nació soñándose exitosa en términos capitalistas. Solamente quiso ser un aporte, orgulloso y diminuto, a la construcción de un mundo con esperanza de vida. Una opción de amor a una misma, a las demás y a la Tierra, en un solo acto de resistencia.

Ahora se cumplen 7 años de este camino. En Antroposofía, cada 7 años se cierra un ciclo de maduración. Yo siento que estoy en ese inicio de algo nuevo en lo que quizás cueste creer: esta organización sin fines de lucro que nombramos Gestando Sororidad y apenas está saliendo a la luz. Puede parecer una fantasía bienintencionada, me recuerda a la expresión que a veces tenía la gente cuando yo respondía sobre las toallitas: Sí, se lavan.

Es que Flor de Luna nunca tuvo fines de lucro tecnicamente hablando, y este proyecto sólo es fruto de su madurez. Todo lo que aprendimos estará puesto sobre la mesa, como pusimos aquellas primeras toallitas en ese banco de plaza, ahora sé que entonces también poníamos ahí nuestros corazones, y que eso tuvo una fuerza bárbara.

Sonrío de imaginar lo que puede pasar ahora, que somos tantas.

07

Mar
2018

Un comentario

En Poesía
Sin categoría

Por Noe Sánchez

Poemas para el #8M

En 07, Mar 2018 | Un comentario | En Poesía, Sin categoría | Por Noe Sánchez

Les convidamos a escribir poemas para el 8M, para compartirnos, para leer en las actividades que organicemos en todo el pais, para disponer de ellos, para disfrutarlos.

1 –

La mujer nunca quiere coger

Hay que convencerla

Hay que enamorarla

Hay que comprarle el consentimiento

Porque el hombre siempre quiere y la mujer nunca

Si lo hace es porque accede

Es de onda

O porque la chamuyaron bien

Y algo de ganas le dieron

O porque está esperando amor

O se lo prometieron

Y entiende que así se consigue

Pero coger, coger,

Eso no quiere

Por ahí las tortas sí

O por ahí no cogen nunca

O una es medio macho

Y esa es la que convence a la otra

Porque si es mujer

Es seguro que coger

No le interesa

No es un fin en sí mismo

A lo sumo una herramienta

Para conseguir algo del hombre

Que por coger, lo que sea

No les hace un toque de ruido

Estar cogiendo siempre

Con alguien que no quiere?

 

Nemesia Schwarzenbach

 

2-

Voy a decirlo

me gustan las chicas

dicho así parece otra cosa

pero es ni más ni menos lo que quiero decir

me gusta que se pinten los pelos de arco iris

y se rapen

y se claven un alfiler en la nariz

y que todo eso les quede tan lindo

me gustan sus zapatillas maltratadas

sus buzos de Totoro

sus mochilas con pines de Evita

y de Harry Potter

me admira que gusten del animé

que toquen el violín

que escuchen músicas que no entiendo

hay una edad para entender cada cosa

adoro sus uñas con brillitos

lo extenso de su vocabulario

la soltura con la que pisan esta tierra

que hasta se diría,  les pertenece

me gusta que vayan a la marcha con flores rojas

que le discutan a la profesora de Historia

que sean presidentas del centro de estudiantes

que jueguen al futbol

que elijan escuelas técnicas

que voten

las miro caminar de la mano de otras chicas

o de algún muchacho

o de nadie

con una libertad que mi juventud no tuvo

o no supo disfrutar

me gustan esas chicas

algunas son hijas de mis amigos

y todas son hijas de un tiempo

un tiempo que, como la juventud,

no duró para siempre

pero nos dejó la marca imborrable de la plenitud

una sonrisa en los labios

una melodía para recordar

y volver a cantar cuando llegue el día

me caen tan bien esas chicas

y eso quiere decir que aún no estoy tan vieja

no tanto como para decir la juventud está perdida y esas cosas

aunque sí lo suficiente para mirarlas desde esta distancia

desde esta ternura

y esta esperanza

esperanza, sí

porque son estas chicas

las mujeres de un futuro no muy lejano

y quizás sean ellas

quienes suturen las heridas de hoy

y fabriquen nuevamente alegrías

mundos

revoluciones.

 

Florencia Ordóñez

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